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Pachuca Campeón del Torneo Clausura Mexicano

Pachuca tiene que ser llamado hoy justo campeón con la misma tranquilidad que tuvo para nunca, pero nunca en serio, poner en riesgo su coronación durante los 180 minutos que duró la serie contra América.

Pachuca aplicó la misma tónica que en la ida a las Águilas. Sabedor de que eran los de Coapa los obligados a salir desde el primer minuto por un gol, el cuadro hidalguense volvió a meter ese obsesivo estilo donde la principal y única prioridad es el toque ordenado, abrumador. Así logró poner hielo a cualquier intento del América, siempre más enjundioso que armado, y fue ganando y ganando, además de minutos, metros en el terreno para terminar domando por completo a su rival.

Los “Tuzos” entendieron a la perfección que para parar al América había que frenar primero a Cuauhtémoc Blanco. Y lo hizo a la perfección en una coordinada labor entre sus contenciones, Caballero y Correa, y una excelsa actuación de los centrales López, Pinto y Mosquera.

Pero a pesar de nunca perder el control del partido, los Tuzos mantuvieron un ritmo parsimonioso, totalmente indiferente con una intención por hacer más holgada la ventaja que habían conseguido en partido de ida. (Ver el video con los goles del partido)

Fue ese dejo de conformismo el que permitió una única desconcentración, cuando precisamente Cuauhtémoc Blanco se encargó de hacer un golazo en un tiro libre que puso a soñar a los seguidores americanistas.

Cuauhtémoc gritó, corrió como nunca y se dirigió a su afición para festejar a todo pulmón. Era el adiós del icono de las Águilas, borrado hasta entonces. Fueron sus segundos de gloria, su corto homenaje a la carrera que deja en México; de forma inmediata, regresó a ser la sombra que fue en el partido en el que justo tenía que demostrar por qué lo llaman figura.

América sabía bien que el gol que los tenía tan siquiera con la posibilidad de alagar a tiempo extra salió de la trinchera, no del trabajo de cancha. Era tan evidente como la falta de responsabilidad que demostró Mosqueda mientras estuvo en la cancha, como la fragilidad y cinismo de Nelson Pipino Cuevas, el poco aporte del juego muy destructor y nada constructor de Argüello y Villa, y la desesperación de toda la defensa cuando Pachuca, de a cuentagotas, se decidía a ir hacia el frente. En pocas palabras, América sabía que no tenía con qué ganar el título.

Y así, al Pachuca le bastaron sus únicos 13 minutos de decisión para volver a poner claro que hombre por hombre, en equipo, y de cualquier manera en que se le quiera ver, era mucho mejor que su rival.

Fue de la mano de Damián Álvarez, el mejor relevo no sólo del equipo, sino de todo el Clausura 2007, que los Tuzos se le fueron encima, sin contemplaciones, al América, que se defendía de manera inocente.

A siete minutos del final, Álvarez se metió por izquierda y metió un rayo que fue empujado por Cacho. Era el fin del América, porque aunque quedaba tiempo por delante para volver a buscar la anotación que obligara al alargue, se sabía que las diferencias eran abismales, que el dominio era abrumador, que no había con qué pelear.

El partido terminó con el Pachuca deshaciendo, exhibiendo al América, dándose el lujo de fallar oportunidades claras de Álvarez y Landín. Al fin y al cabo, los Tuzos se sabían campeones. Nunca, pero nunca, tuvieron duda de ello.

Los goles del partido:


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